Dibujo Automático

El dibujo automático nace junto con el surrealismo como movimiento artístico. En algún momento de la historia Freud le dijo al mundo una realidad impactante: No somos capaces de controlar del todo nuestra mente, ocultamos nuestras emociones y sentimientos en algo llamado subconsciente y pese a que puede ser difícil sacarlos de ahí, no era imposible.

A partir de ahí y sabiendo la existencia de un subconsciente que explorar, los surrealistas buscaron mil y un maneras de acceder a lo que nuestras mentes ocultaban. La primer ruta fueron los sueños, algunos artistas dormían con un cuaderno al lado de la cama para tener la posibilidad de escribir y describir lo que soñaban apenas despertaran. Otra ruta fue el lenguaje automático que consistía en escribir las palabras que vinieran a lamente evitando toda clase de orden o pensamiento racional, ni sintaxis, ni gramática, ni un sentido lógico de discurso.

Era cuestión de tiempo que esta aventura llegara a niveles pictóricos, uno de los primeros artistas en explorar el dibujo automático fue Andre Masson, realizando primero dibujos a lápiz y después llevándolo al campo de la pintura.

El acto consistía en dos fases: el dibujo y la interpretación. En primer lugar se debe dejar que la mano y el lápiz viajen libres sobre el papel, sin orden, sin pensar en lo que se hace y como resultado de movimientos instintivos. Es importante evitar que la mente trate de ordenar los trazos y dejar que sea el subconsciente el que trabaje, no se dibuja con un propósito, no se busca representar algo en concreto, las decisiones se toman en el momento y jamás son premeditadas.

En el dibujo automático los errores se convierten en grandes oportunidades, pues algo considerado como un error puede ser la parte fundamental de la obra, y su inmediatez la única forma de alcanzarlo.

En la segunda fase es necesaria la interpretación: ¿qué formas navegan en nuestro subconsciente? Se buscan formas lógicas, animales, rostros, letras, sentimientos. Se desenmaraña el significado de los trazos con el objetivo de “leer” el dibujo, no de manera literal pero sí buscando a qué conceptos nos llevan estas imágenes. En esta fase se decide si el dibujo nos es útil o no, pues mientras Masson daba por terminada su obra apenas la interpretaba, Joan Miró buscaba formas que después usaría para desarrollar sus pinturas.

Como toda práctica relacionada a la búsqueda del subconsciente, el Dibujo Automático ha sido ligado a otros métodos de trance como la hipnosis y el ocultismo, hay quienes plantean que cuando el subconsciente dibuja pudiera tratarse de entes metafísicos que se apoderan del artista buscando establecer comunicación y sugieren que el proceso de dibujo automático es similar a la forma en que opera una Ouija.

Tal es el caso del artista Benjamín Solari Parravicini y sus “dibujos proféticos”. Solari decía que cuando dibujaba escuchaba voces y una fuerza extraña controlaba sus trazos. Realizó cientos de “psicografías premonitorias” como las llamaba, guiado por su ángel de la guarda de nombre José de Aragón.

En el cine y la televisión es muy común que aparezcan niños poseídos por alguna fuerza extraña utilizando el dibujo como medio para comunicar sus miedos o lo que les pasa, esto basado en la teoría metafísica del dibujo automático.

El Dibujo Automático puede ser considerado la antítesis de la ilustración, pues mientras el que ilustra obedece a un discurso y se planea la mejor manera de transmitirlo por medio de la imagen, en el Dibujo Automático todo se da por medio del azar y nunca se sabe a dónde se puede llegar con ello. Si bien es cierto que es difícil desconectar la mente de lo que hacemos, la clave está en distraer los sentidos que ordenan nuestras ideas, la más común es el garabateo que algunos hacemos mientras hablamos por teléfono, o mientras escuchamos la plática aburrida de una junta laboral a la que no queríamos asistir.

Una forma de comenzar a ejercitar el dibujo automático es poner nuestra canción favorita y dibujar según los impulsos que se produzcan.

Si lo intentas, tengo que insistir en que dejes de lado el resultado y disfrutes el proceso, no te preocupes en cómo queda el dibujo o en sus cualidades estéticas, tampoco debes desistir si al final te encuentras dibujando de manera consciente, lo automático es algo que se alcanza después de varios intentos, y además es una magnífica forma de iniciarse en el dibujo.

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